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viernes, 9 de marzo de 2018

PROYECTO DEPORTIVO DE FOMENTO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y HÁBITOS SALUDABLES





Los centros educativos como elemento clave en la trasmisión a los escolares de hábitos de vida activos y saludables, tienen la obligación de trabajar desde todas las materias para que surjan iniciativas en el aula y fuera de ella, que permitan conseguir inculcar estos hábitos a los escolares. Estas experiencias deberían ser innovadoras y significativas para que provoquen en el alumnado una necesidad de participación y consecución del fin buscado y para ser efectivas tienen que estar recogidas y potenciadas en un proyecto.

Este documento viene a presentar “El Proyecto Deportivo de Centro (PDC)”, aunque cabe decir que no es una novedad. De hecho, ya está siendo premiado por la Administración el tener un PDC en los centros educativos, gracias a la entrega del distintivo de calidad del “Sello de Vida Saludable”. Este hecho recalca la importancia que la Administración da al PDC. Sin embargo, no está planteado como proyecto obligatorio que deban realizar y presentar los centros educativos. Y sería bueno establecerlo como obligatorio desde la Administración a los centros escolares, fomentando la actividad física y los hábitos saludables, recogiendo de manera obligada, una serie de acciones, proyectos y actividades para conseguir que los alumnos sin discriminación ninguna, pueden tener una práctica diaria de actividad física dentro de su jornada escolar y extraescolar, y adquieran hábitos de vida saludables.

Por lo tanto, el principal objetivo del PDC sería garantizar a través de la Educación Física y de sus docentes, la coordinación entre los proyectos educativo y curricular, las actividades físicas y deportivas fuera del horario lectivo a través de un proyecto deportivo de centro.

En este sentido, los proyectos deportivos que se ofrezcan en el marco de la actividad física y el deporte en edad escolar, deberán recoger las siguientes intencionalidades:
  • Ofrecer una actividad física y deportiva inclusiva que alcance los mínimos de práctica recomendados por instituciones y estudios de referencia en el ámbito de la salud para niños/as y adolescentes.
  • Complementar, a través de la actividad física y deportiva, la labor formativa desarrollada en el centro educativo, especialmente en lo referente a los valores y los hábitos saludables.

Y para acabar, citaremos algunos aspectos que deberían contemplarse en este proyecto:
  • Plan de hábitos saludables
  • Plan de nutrición saludable
  • Día de la EF en la calle
  • Plan de transporte o desplazamiento activo
  • Plan deporte en familia
  • Participación de los acontecimientos deportivos en la población
  • Participación de los acontecimientos deportivos promovidos por otras entidades
  • Salidas en bicicleta los fines de semana
  • Contratos-Programa entre el centro educativo y la Administración
  • Complementar, a través de la actividad física y deportiva, la labor formativa desarrollada en el centro educativo, especialmente en lo referente a los valores y los hábitos saludables
  • ...

El peso específico del PDC tiene que recaer en del departamento de EF, garantizando la coordinación entre los proyectos educativo y curricular, las actividades físicas y deportivas fuera del horario lectivo.


martes, 30 de enero de 2018

¡USTED ES SU PADRE, NO SU ENTRENADOR!

"Los niños practican deportes por diversión. Olvidar esta máxima y generar presión en los hijos es el mejor camino para conducirles a que lo abandonen"

Me siento triste cuando mi padre me regaña después del partido. Me dice que no he jugado con intensidad, que así no seré nunca un jugador de Primera División, que fallo en los pases porque me falta concentración. Y mi madre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome del fútbol. A mí me gusta jugar al fútbol, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de gol, estar con mis amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el míster. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la banda, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar.




Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos. Se sientan en la grada, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen. Existen diferentes especímenes de padres y madres.

Los que asumen papeles positivos. Son aquellos en los que el interés del padre está en que su hijo disfrute de lo que hace. 

El padre taxista. Acompaña a su hijo, le deja en el entrenamiento, le recoge. Suele ser un padre al que los deportes le gustan bastante poco, pero le interesa que su hijo sea feliz.

El padre positivo. Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al chaval por el mero hecho de jugar y entrenar.

El padre involucrado. Le gusta participar en las decisiones y propuestas del club. Se interesa por la formación de los chavales o porque el centro obtenga ingresos. Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club y participan con cualquier acción que pueda mejorarlo.

Existen otros papeles, los negativos. Son aquellos en los que el comportamiento del padre influye negativamente en su hijo, generándole presión, exigiendo resultados y poniendo unas expectativas por encima de lo que el entrenador o el club esperan del niño.

El padre pesado. Se pasa todo el día hablando de lo bien que juega, nada o corre su hijo y de que apunta maneras. No presiona directamente al niño, pero sin querer le traslada que su valor como chaval está en el juego.

El padre entrenador. Grita directrices desde la banda, corrige a su hijo cuando se monta en el coche, incluso contradiciendo las indicaciones del entrenador. Genera confusión en el niño, que por un lado tiene una idea de juego que el profesional trata de inculcarle, y por otro, la versión de su padre o madre. En deportes como la natación, este padre está en la grada paseando de punta a punta de la piscina, cronómetro en mano, midiendo tiempos y apuntando en una libreta. No es de recibo crear presión en el niño con distintos mensajes. ¿A quién cree que debería obedecer su hijo?. 

El padre que se cree Cholo Simeone. Trata de motivar, transmitir garra, le pide a su hijo que se entregue, que se esfuerce, que se deje la piel en la cancha, que trabaje, que compita como si le fuera la vida en ello. Pero olvida algo muy importante: ni su hijo es un jugador de Primera División que tenga que ganarse la vida jugando, ni él es el entrenador del Atlético de Madrid. Solo consigue que su hijo pierda de vista los valores que le transmite el club, donde normalmente prevalece la generosidad por encima de la individualidad, disfrutar y aprender por encima de los resultados, y el juego limpio por encima de competir a cualquier precio.

El padre que resta en todos los sentidos. Da gritos desde la grada, desacredita al míster, le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus compañeros son peores que él, se comporta de forma grosera con el rival, insulta al árbitro y otras impertinencias más. Es el padre del que cualquier hijo se sentiría avergonzado.

Los motivos por los que los padres pierden los papeles son diversos. Muchos esperan que sus hijos les saquen de pobres convirtiéndose en Nadales o Crisitanos. Otros desean que su hijo gane todo porque sus propios éxitos, es la manera de sentirse orgullosos del chaval y presumir de él delante de sus amigos y en el trabajo. Otros poryectan la vida que ellos no pudieron tener. Otros no tienen ningún autocontrol. No lo tienen en el partido de sus hijos, ni cuando conducen, ni cuando se dirigen a las personas. Y por últimos están los que cruzan los límites sencillamente porque no tiene consecuencias. Saben que está mal, pero su mala educación o ausencia de valores les hace comportarse como personas poco cívicas y desconsideradas.

El valor está en hacer deporte, porque es una conducta saludable, pero sobre todo en ser capaces de divertirse y relacionarse con los amigos. Lo demás no importa. Si no les presiona para que se supere con la consola de videojuegos, ¿por qué lo hace cuando va a los partidos? En el momento en el que la palabra jugar pierde valor -"jugar a baloncesto", "jugar a fútbol", "jugar a tenis"-, su hijo dejará de disfrutar y no querrá seguir yendo.




Si es padre o madre, recuerde, por favor, que es un modelo de conducta para su hijo y para sus compañeros de equipo. A los hijos les gusta sentirse orgullosos de sus padres y, en cambio, lo pasan terriblemente mal cuando se les avergüenza. Ser modelo de conducta conlleva mucha responsabilidad, porque sus hijos copian lo que ven en usted. Y su forma de comportarse debe ser la ejemplar para que facilite el aprendizaje de una serie de valores que acompañan al deporte.

Si como padre o madre desea sumar, tenga en cuenta el siguiente decálogo:

1.- Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte. El principal es porque le gusta. Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializarse. El objetivo no es ganar.

2.- Comparta los mismos valores que el club. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida.

3.- No dé órdenes. Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.

4.- No le obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.

5.- No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego.

6.- Respete a todas las figuras que participan en la comunidad deportiva: entrenador, árbitros, otros técnicos, jardineros...

7.- Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente. Las personas educadas no muestran incontinencia verbal.

8.- Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parte del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual. Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con la que comparte valores, emociones y un proyecto común.

9.- Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.

10.- No inculque expectativas falsas a su chaval, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera.

La felicidad de los niños está por encima de todo. Siéntase siempre satisfecho con lo que haga, gane, pierda o cometa errores. Felicítele por participar más que por competir. Y recuerde que su hijo hace deporte para divertirse él, no para que lo haga usted.



(Patricia Ramírez, psicóloga deportiva)  (Vía Diario El País)

jueves, 30 de noviembre de 2017

OBESIDAD INFANTIL

La organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad y el sobrepeso como una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud. Si hablamos de obesidad en edades comprendidas entre cinco y 19 años, y acudimos a estudios recientes, veremos que, lejos de decrecer, en los últimos 20 años se ha multiplicado por diez.

Esta situación nos aboca a un escenario dramático por las consecuencias que se derivan del hecho descrito, tanto a nivel de salud como económico y, como consecuencia, el aumento de los presupuestos de los Sistemas Sanitarios.



Todos estos datos corroboran que estamos ante un panorama poco alentador, que habrá que analizar para posteriormente tomar medidas que nos encaminen más pronto que tarde a ir erradicando esta pandemia del siglo XXI.

¿Qué causas inciden en el sobrepeso y la obesidad infantil? Este sería un primer interrogante a clarificar y un primer diagnóstico que nos ayudaría a presentar propuestas y medidas dirigidas a mejorar la actual situación.

La mayoría de los estudios realizados sobre esta materia hablan de una diferencia calórica entre la ingesta y el gasto y, por tanto, son varios los factores que influyen en el aumento del sobrepeso, de un lado un cambio nutricional que ha provocado un aumento de la ingesta hipercalórico con abundantes grasas saturadas y azúcares, en detrimento de una alimentación con más vitaminas y minerales. En definitiva, una alimentación más saludable.

Del otro lado, una clara tendencia en la disminución de la práctica de la actividad física deportiva motivada en muchos de los casos por las nuevas tecnologías audiovisuales, TV, Internet..., que, unido a un urbanismo más agresivo (se juega menos en la calle) y unos cambios en el modelo de transporte, han hecho que el niño y el adolescente hagan una vida más sedentaria.

Vemos pues la problemática y la solución a la larga se debiera dar con políticas activas, multisectoriales, multidisciplinares y desde los distintos ámbitos. El objetivo ha de ser la transversalidad entre Medio Ambiente, Educación, Sanidad, Urbanismo, etc.

Desde esta misma tribuna, en varias ocasiones, he reflexionado sobre esta temática y las posibles alternativas o soluciones y siempre he manifestado que cualquier campaña que difunda y profundice en todos los aspectos que rodean a la obesidad es buena y es un primer paso que sensibilizan y conciencian a la sociedad. Pero no pueden quedar solo en eso, sino que coordinadamente y en paralelo se deben implantar una batería de mediadas que den respuestas al diagnóstico, por otra parte muy definido.

Se debiera tender a regular el mercado de alimentos y bebidas poco saludables, legislando los procesos de distribución y comercialización de los alimentos, penalizando los no aconsejables y favoreciendo y fomentando hábitos nutricionales saludables.

Tiene una importancia vital que desde la propia Comunidad Educativa en primaria se amplíe el horario de Educación Física a un mínimo de tres horas semanales en horario lectivo y se potencie la actividad físico deportiva en horario extraescolar en el propio centro o en instalaciones deportivas municipales. Todo ello será inviable si no trabajan conjuntamente las instituciones públicas y preferentemente la Local y Autonómica.

No es una tarea fácil, la luz de alarma se ha encendido nuevamente y es el momento de pasar del discurso a los hechos y hacerlo transversalmente con todas las administraciones y en conjunción con el sector civil. Ésta será la única manera de conseguir resultados y de revertir la actual situación.

(Antonio Montalvo de Lamo, experto en deporte municipal y paralímpico. Vía Diario Marca)